“Errores conceptuales y metodológicos de la evaluación de la inteligencia con las Escalas Wechsler”

[Información Técnica sobre el TDAH-008/2001]

Autor:  E. Manuel García Pérez
Psicólogo Consultor
Director del Grupo ALBOR-COHS
Director del Master de Asesoramiento e Intervención Educativa de la Universidad Internacional "Menéndez Pelayo"
 

Desde hace más de cuarenta años, David Wechsler ha defendido un modelo conceptual de la inteligencia demasiado amplio y muy poco concreto. Para Wechsler, la inteligencia es "el conjunto total de recursos de un individuo para adaptarse al medio". O sea, todas las habilidades de que dispone una persona para vivir.

En función de tal concepto de inteligencia, elaboró una primera versión en el año 1939 de una batería de pruebas conocidas como Escalas Wechsler de Inteligencia, que según los niveles de aplicación se denominan: WPPSI, WISC y WAIS.

Estructuradas en forma de diversas pruebas que requieren el empleo de habilidades lingüísticas y otras seis que no lo requieren, ofrece una medida global de cada una de las seis pruebas, denominadas Cociente Intelectual Verbal  (CIV) y Cociente Intelectual Manipulativo (CIM). Una puntuación combinada de las puntuaciones anteriores representaría el Cociente Intelectual Global de una persona.

Evidentemente, si aceptásemos el concepto de inteligencia de Wechsler, podríamos asumir la estructura de sus tests. Ahora bien, ¿cómo es posible aceptar como inteligencia la capacidad-habilidad para recordar el significado de una fecha histórica (¿qué se conmemora el 12 de octubre?), o el nombre del establecimiento donde se vende el tabaco (¿cómo se llaman las tiendas donde se venden....?)?. O bien, la capacidad-habilidad para recordar de manera inmediata una serie de dígitos  (de manera directa o inversa), o como la amplitud de vocabulario o la fluidez verbal para expresar una idea.

¿Es admisible como indicador de inteligencia conocer el resultado del producto 6x3?.

Conceptualmente, la definición de inteligencia de la que parte el autor y en la que se basa este test, es inadmisible, a la  luz de las investigaciones y conocimientos del siglo XXI.

En el mejor de los casos, las escalas Wechsler tendrían que establecer una diferencia importante y significativa entre la capacidad-habilidad de razonamiento práctico (experiencias de aprendizaje previas y destrezas de memoria) y la capacidad-habilidad de razonamiento lógico (García P., "Conceptualización y Evaluación de la Inteligencia", en Máster Profesional en Asesoramiento, Evaluación e ntervención Psico-Educativa); algo que ni su autor propone, ni resulta factible dada la estructura del test.

Así pues, desde el punto de vista conceptual, resulta inaceptable admitir este instrumento como un test para evaluar la inteligencia de los sujetos, a menos, claro está, que no importe tener una medida de algo que no clarifica nada, ya que mezcla diversos tipos de destrezas y capacidades.

Por otra parte, desde un punto de vista metodológico, cada prueba proporciona una medida aceptable (sólo en el caso de disponer de buenos baremos) de alguna capacidad o destreza concreta: vocabulario (semántica), cubos y rompecabezas (organización viso-espacial y coordinación motriz), comprensión y semejanzas (razonamiento lógico), dígitos (memoria verbal inmediata), ...

Si el método de valoración de las distintas capacidades-habilidades fuera el que nosotros hemos propuesto desde el año 1983 (García Pérez y Galve Manzano, 1985; Curso Máster de Asesoramiento, Orientación e Intervención Educativa), el de un Perfil de Habilidades, mediante el cual, las distintas puntuaciones no se suman para obtener CI alguno, sino que se analizan y valoran por separado; en tal caso, podría resultar útil para comprender cada situación personal y diseñar Programas de Intervención. Sin embargo, la propuesta de D. Wechsler: la suma algebraica de todas las puntuaciones obtenidas en cada subprueba para obtener una puntuación global, lleva a situaciones frecuentemente absurdas y poco o nada operativas. En efecto, supóngase una elevada destreza en conocimientos prácticos, memoria y cálculo aritmético y un déficit significativo en razonamiento. La suma de todas las puntuaciones indica que el sujeto tiene un “nivel medio” , ignorando el hecho de un importante déficit de razonamiento, que podría explicar algunas de sus dificultades escolares o personales.

Necesariamente debemos concluir que el empleo de estas escalas en la forma que propone su autor es, metodológicamente, inadecuado, no resultando útiles nada más que para detectar sujetos con déficit importantes o bien con destacadas destrezas en múltiples áreas.

Finalmente, en el caso de la versión para España del WISC-R, cabe añadir que dicha versión se ofreció a los profesionales españoles el mismo año que se retiraba del mercado estadounidense, sustituyéndola por la versión WISC-III, no mucho mejor que la anterior, pero al fin y al cabo más novedosa. Los baremos con los que se comparan las puntuaciones de cada sujeto desde el año 92 (año de su comercialización) se han obtenido con grupos de 28 a 35 sujetos de cada sexo, exclusivamente de la Comunidad de Madrid.

Evidentemente, resulta poco menos que inadmisible realizar evaluaciones de capacidades o habilidades intelectuales de escolares con problemas de conducta o de rendimiento escolar empleando este instrumento, dada la escasa validez y fiabilidad de los resultados que proporciona.

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